Conocemos
muchos ejemplos de empresas que pierden su posición de liderazgo, que dejan de
ser “el” referente de una industria o sector. Nombres como BlackBerry o Nokia, iconos indiscutidos
de la telefonía móvil en los 80 y 90, vieron las posiciones de sus productos en
el mercado erosionadas por la llegada de Apple
con el iPhone, mucho tiempo más
tarde. También es frecuente escuchar referencias a Google y su victoria frente
a quienes estaban antes y su hegemonía incluso sobre tantos que llegaron
después.
Pero es
difícil sostener que Nokia,
BlackBerry, o los competidores
de Google, y otros
ejemplos en varias industrias, fueran empresas poco creativas, poco innovadoras,
o que no disponían de recursos suficientes. Pensamos que esas empresas y
organizaciones aprendieron a un ritmo menor. Su liderazgo se degradó en la
medida que la aceleración de su aprendizaje era menor a la necesaria para
mantener su posición relativa a la competencia.
Según el Prof. Peter Senge (Senior Lecturer, MIT) la cultura de aprender es crítica para aquellas empresas que quieren ser líderes y mantenerse en el tiempo. Operar un negocio, cualquier negocio y aprender al mismo tiempo, no es un proceso sencillo. La empresa deberá lidiar exitosamente con los contratiempos, los fallos y las iteraciones sucesivas, entre otras cosas. Los líderes y los innovadores de estas no pueden limitarse a ser expertos en sus disciplinas, sino que deberán asumir la libertad para aprender, compartir sus novedades abiertamente y difundirlas efectivamente. Si quieren lograrlo, será crucial diseñar estrategias para captar, desarrollar y mantener el equipo de gente apropiado.

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