Según Scott
Saslow fundador del Instituto de Desarrollo Ejecutivo (IED por su sigla en inglés), el
éxito para evaluar
iniciativas de capacitación depende de recolectar las mediciones pertinentes
mucho antes de ejecutarlas. Saslow
sostiene que el mejor momento para empezar a computar es cuando identificamos
brechas, evaluamos necesidades y los mecanismos para cerrarlas. Es entonces
cuando los responsables de capacitación deberían establecer cómo se determinará
el éxito del programa y presentarlo claramente a sus directivos.
La determinación
del retorno sobre inversiones en capacitación depende directamente de nuestra
capacidad de medir su impacto. Es decisivo –enfáticamente decisivo-- para alcanzar
nuestro objetivo, contar con mediciones anteriores a toda iniciativa de capacitación.
Cualquier métrica de referencia es válida tanto para evaluaciones del tipo
“antes vs después” como para aquellas con impacto a largo plazo y avances
estratégicos o de desempeño. Desde luego habrá ocasiones cuando un
entrenamiento no sea responsable del 100% del cambio verificado, y será
necesario definir cómo atribuir los resultados y en qué proporciones.
En su propuesta
de 2010, Susan
N. Palmer (Making
the Business Case for Learning and Development) nos recomienda aplicar los
siguientes principios al definir programas de capacitación:
- Conocer profundamente las prioridades estratégicas de nuestra organización
- Entender claramente la contribución que hará la capacitación a esas prioridades
- Identificar qué programas apoyarán directamente esa dirección estratégica
- Montarla sobre métricas y evaluaciones apropiadas
- Presentar el programa desde la perspectiva de finanzas

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